viernes, 23 de septiembre de 2016
jueves, 22 de septiembre de 2016
La vida es sueño - Pedro Calderón de la Barca
Casi al final del Segundo Acto
SEGISMUNDO: Es verdad; pues reprimamos
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición,
por si alguna vez soñamos;
y sí haremos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña
que el hombre que vive, sueña
lo que es, hasta despertar.
Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte!
Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.
Yo sueño que estoy aquí
de estas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
lunes, 29 de agosto de 2016
AUTOANTÓNIMOS
19 autoantónimos: palabras que significan una cosa y la contraria
Si yo alquilo un
piso, ¿estoy pagando o cobrando?
Empecemos
con una palabra de cinco sílabas: enantiosemia. Se trata de “un tipo de
polisemia en el que una palabra tiene dos sentidos opuestos”, como explica
Fundéu en el primer volumen de su Compendio
ilustrado y azaroso de todo lo que siempre quiso saber sobre la lengua
castellana.
Estas
palabras con dos significados opuestos también se llaman autoantónimos. Es
decir, significan una cosa y la contraria. Alguno puede suponer que la Real
Academia de la Lengua se ha rendido y ya le da todo igual, pero el origen de
estas enantinosemias suele ser rastreable. Como explica Fundéu, a veces son el
resultado de los usos irónicos y en ocasiones, de las antífrasis, una figura
retórica por la que “se designan personas o cosas con voces que significan lo
contrario de lo que se debiera decir”. Veamos 19 ejemplos:
Alquilar: significa tanto
dar algo en uso a cambio de un precio durante un tiempo determinado como tomar
algo para usarlo a cambio de un pago. Es decir, el sujeto de la frase
"Pedro alquiló un piso" puede ser "tanto quien cede algo en
alquiler como quien lo toma”.
Animal: puede usarse en
sentido figurado para hablar de una “persona de comportamiento instintivo,
ignorante y grosera” y también para referirse a alguien “que destaca
extraordinariamente por su saber, inteligencia o esfuerzo”.
Batacazo: es el golpe que
nos damos al caer y un “fracaso o caída brusca en un asunto, negocio o
posición”. Pero en algunos países de
América se usa como “triunfo o suceso afortunado y
sorprendente”.
Casero: es el “dueño de alguna casa, que la alquila a
otra persona”. Pero el diccionario
también recoge la acepción contraria: “inquilino, persona que ha
tomado una casa en alquiler”.
Conjurar: puede ser “conspirar, uniéndose muchas personas o cosas
contra alguien, para hacerle daño o perderle”. Y, al contrario, “impedir,
evitar o alejar un daño o peligro”. No solo eso, también significa “invocar la
presencia de los espíritus” y “decir exorcismos”, es decir, expulsar al
demonio.
Dar
clase: significa tanto “impartir una lección, pronunciar una
conferencia o charla”, como “recibir una clase”.
Defender: según el diccionario, amparar, librar, proteger. “El policía
defiende a ese señor”. También,
impedir, estorbar. “El defensa defiende al delantero”.
En
absoluto: puede usarse para decir “de manera general, resuelta y
terminante”. Y “no, de ningún modo”.
Enervar: debilitar, quitar las fuerzas. Pero también, poner nervioso. Este es el sentido más habitual,
como apunta el Diccionario Panhispánico de Dudas: se añadió al francés en el
siglo XIX, de donde pasó al español. “Es uso asentado en la norma culta y debe
considerarse aceptable”.
Friolera: es una cosa de poca monta o de poca
importancia, pero se usa asimismo para referirse a una “gran cantidad de algo,
especialmente de dinero”. En sentido irónico, aclara el diccionario.
Es cierto que cualquier palabra usada
con ironía se puede considerar, en cierto modo, autoantónima, pero en este caso
el uso es tan habitual que el diccionario le dedica una acepción. De hecho, es
posible que solo conozcamos el sentido irónico de la palabra
"friolera", por lo que si dijéramos “el alquiler me cuesta la
friolera de siete euros”, lo haríamos dándole un sentido irónico a una acepción
que ya es irónica de por sí, por lo que la podríamos estar usando en su sentido
literal sin saberlo.
Dicho lo cual y como ya hemos
apuntado, la ironía es una de las causas que llevan a que el diccionario recoja
significados antitéticos para las mismas palabras, como ocurre también en el
caso de: perla, "cosa preciosa o exquisita en su
clase" y también,
"frase llamativa por desafortunada"); música, que también puede referirse a un “ruido desagradable”, y gracioso, adjetivo con el que uno se puede referir
a algo “que resulta agradable o atractivo”, pero también a alguien “molesto, sin gracia”. Sí,
‘gracioso’ puede significar “sin gracia”. Pues qué gracia,palabra con la que ocurre lo mismo, por cierto.
Huésped: usamos habitualmente el
término con el sentido de “persona alojada en casa ajena” o en
un “establecimiento de hostelería”, pero puede referirse al “mesonero o amo de
posada” y a la “persona que hospeda en su casa a otra”, que, por cierto, era el
sentido original en latín.
En
este caso, la RAE aconseja “reservar
el término huésped para designar a quien recibe alojamiento, y denominar
anfitrión al que lo proporciona” para evitar confusiones. Excepto en biología,
ya que en este caso huésped es el “organismo en el que se aloja un parásito”.
Lívido,
da: se suele usar como “intensamente pálido”. Pero también
quiere decir “amoratado”, significado de lividus en latín.
Por cierto, la libido (deseo
sexual) es escribe con b y lleva el acento en la segunda sílaba.
Monstruo: tras cinco acepciones que
van desde el “ser que presenta anomalías o desviaciones notables respecto a su
especie” a la “persona muy cruel y perversa”, pasando por la “persona o cosa
muy fea”, llegamos a la “persona que en cualquier actividad excede en mucho las
cualidades y aptitudes comunes”. Ejemplo: Juan es un monstruo porque tiene dos
cabezas, pero también es un monstruo con la guitarra porque la toca de
maravilla.
Nimio: el sentido habitual es
el de “insignificante, sin importancia”. También significa “excesivo,
exagerado”. De hecho, la palabra deriva del adjetivo latinonimius, que tiene este significado. “Este radical
cambio semántico se produce a partir del sentido, raro hoy, pero frecuente en
épocas pasadas, de ‘minucioso o escrupuloso’ (...). También ha podido influir
la semejanza formal con el adjetivo mínimo”, dice el Diccionario Panhispánico de
Dudas.
Sancionar: “Autorizar o aprobar cualquier acto, uso o
costumbre”. Y también,“aplicar
una sanción o castigo a alguien o algo”. Es decir, te pueden poner una sanción
por no respetar una sanción.
Lo
mismo ocurre en inglés con to sanction y
en francés con sanctionner, como recoge el
lingüista Alberto Bustos en su blog,
que pone un ejemplo muy bueno de ambigüedad debida a la enantiosemia: “Es un
uso que no está sancionado por la Academia”. ¿Eso significa que no está
autorizado o que no se castiga? De todas formas y como recuerda Fundéu, la
ambigüedad no es frecuente: debido al contraste entre los significados, es
fácil saber cuál viene al caso.
Como
apunta Bustos en su texto, la autoantonimia también se da a menudo en otros
idiomas. Según recuerda Fundéu, en alemán “este fenómeno es llamadoGegensinn, y en inglés, contronimy”.
Un
ejemplo de reciente incorporación al inglés es el de "literally"
(literalmente). Desde 2013, el Diccionario Oxford
recoge recoge el significado tanto de literal como el de una
forma de enfatizar algo aunque no sea literalmente cierta. Ejemplo: decir que
has recibido "literalmente, miles de cartas", cuando solo son
decenas.
Esto significa que, a pesar de las quejas, literally ahora también significa "en sentido
figurado". Literalmente. Eso sí, el científico cognitivo y lingüista
Steven Pinker defiende esta autoantonimia en The Sense of Style,
donde recuerda que su uso como hipérbole es habitual y casi nunca lleva a
confusión. Que es lo que pasa con la mayoría de estas palabras. No hace falta
dar clases de lengua para darse cuenta.
miércoles, 17 de agosto de 2016
Los mejores microcuentos del mundo I
"El globo" (Miguel Saiz Álvarez)
Mientras subía y subía, el globo lloraba al ver que
se le escapaba el niño.
El espejo chino (Anónimo)
Un campesino chino se fue a la ciudad para vender
la cosecha de arroz y su mujer le pidió que no se olvidase de traerle un peine.
Después de vender su arroz en la ciudad, el
campesino se reunió con unos compañeros, y bebieron y lo celebraron largamente.
Después, un poco confuso, en el momento de regresar, se acordó de que su mujer
le había pedido algo, pero ¿qué era? No lo podía recordar. Entonces compró en
una tienda para mujeres lo primero que le llamó la atención: un espejo. Y
regresó al pueblo.
Entregó el regalo a su mujer y se marchó a trabajar
sus campos. La mujer se miró en el espejo y comenzó a llorar desconsoladamente.
La madre le preguntó la razón de aquellas lágrimas.
La mujer le dio el espejo y le dijo:
-Mi marido ha traído a otra mujer, joven y hermosa.
La madre cogió el espejo, lo miró y le dijo a su
hija:
-No tienes de qué preocuparte, es una vieja.
El
Drama del Desencantado (Gabriel García Márquez)
...el drama del desencantado que se arrojó a la
calle desde el décimo piso, y a medida que caía iba viendo a través de las
ventanas la intimidad de sus vecinos, las pequeñas tragedias domésticas, los
amores furtivos, los breves instantes de felicidad, cuyas noticias no habían
llegado nunca hasta la escalera común, de modo que en el instante de reventarse
contra el pavimento de la calle había cambiado por completo su concepción del
mundo, y había llegado a la conclusión de que aquella vida que abandonaba para
siempre por la puerta falsa valía la pena de ser vivida.
Hiroshima (Rodolfo Lobo Molas)
En segundos todo fue un caos indescriptible. La
vida aparentaba haber desaparecido. Ella se sacudió el polvo que la cubría y se
levantó de entre las ruinas: sus ojitos azorados vieron el espanto. De pronto
asomó otra cucaracha y juntas se escabulleron por entre los escombros.
El último cuento (Juan
Carlos García Reig)
—En sus cuentos breves el tema de la muerte suele
aparecer con cierta frecuencia, ¿a qué se debe?
—No es un tema privativo de mis cuentos, habrá
notado que en la vida cotidiana también suele aparecer con cierta frecuencia.
—¿No teme jugar con la muerte?
—Soy un escritor temerario.
—¿Qué está escribiendo ahora?
—Un cuento trivial: el escritor que dialoga con la
Muerte y la muy pícara lo sorprende en la mitad de una palabra.
—¿Cuál palabra?
—No lo sé, pero seguramente le va a faltar la
última sílaba y el cuento quedará inconclu
La mala memoria (André
Breton)
Me contaron hace un tiempo una historia muy
estúpida, sombría y conmovedora. Un señor se presenta un día en un hotel y pide
una habitación. Le dan el número 35. Al bajar, minutos después, deja la llave
en la administración y dice:
–Excúseme, soy un hombre de muy poca memoria. Si me
lo permite, cada vez que regrese le diré mi nombre: el señor Delouit, y
entonces usted me repetirá el número de mi habitación.
–Muy bien, señor.
A poco, el hombre vuelve, abre la puerta de la
oficina:
–El señor Delouit.
–Es el número 35.
–Gracias.
Un minuto después, un hombre extraordinariamente
agitado, con el traje cubierto de barro, ensangrentado y casi sin aspecto
humano entra en la administración del hotel y dice al empleado:
–El señor Delouit.
–¿Cómo? ¿El señor Delouit? A otro con ese cuento.
El señor Delouit acaba de subir.
–Perdón, soy yo… Acabo de caer por la ventana.
¿Quiere hacerme el favor de decirme el número de mi habitación?
Preocupación (Orlando Enrique Van Bredam)
—No se preocupe. Todo saldrá bien —dijo el Verdugo.
—Eso es lo que me preocupa —respondió el Condenado
a muerte.
Calidad y cantidad - (Alejandro
Jodorowsky)
No se enamoró de ella, sino de su
sombra. La iba a visitar al alba, cuando su amada era más larga.
Hablaba y hablaba - (Max Aub)
Hablaba, y hablaba, y hablaba, y
hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba. Y venga hablar. Yo soy una mujer de
mi casa. Pero aquella criada gorda no hacía más que hablar, y hablar, y hablar.
Estuviera yo donde estuviera, venía y empezaba a hablar. Hablaba de todo y de
cualquier cosa, lo mismo le daba. ¿Despedirla por eso? Hubiera tenido que
pagarle sus tres meses. Además hubiese sido muy capaz de echarme mal de ojo.
Hasta en el baño: que si esto, que si aquello, que si lo de más allá. Le metí
la toalla en la boca para que se callara. No murió de eso, sino de no hablar:
se le reventaron las palabras por dentro.
domingo, 31 de julio de 2016
Espantos de agosto (Gabriel García Márquez)
Espantos de agosto
[Cuento - Texto completo.]
Gabriel García Márquez
Llegamos a Arezzo un poco antes del medio día, y perdimos más de dos horas buscando el castillo renacentista que el escritor venezolano Miguel Otero Silva había comprado en aquel recodo idílico de la campiña toscana. Era un domingo de principios de agosto, ardiente y bullicioso, y no era fácil encontrar a alguien que supiera algo en las calles abarrotadas de turistas. Al cabo de muchas tentativas inútiles volvimos al automóvil, abandonamos la ciudad por un sendero de cipreses sin indicaciones viales, y una vieja pastora de gansos nos indicó con precisión dónde estaba el castillo. Antes de despedirse nos preguntó si pensábamos dormir allí, y le contestamos, como lo teníamos previsto, que sólo íbamos a almorzar.
-Menos mal -dijo ella- porque en esa casa espantan.
Mi esposa y yo, que no creemos en aparecidos del medio día, nos burlamos de su credulidad. Pero nuestros dos hijos, de nueve y siete años, se pusieron dichosos con la idea de conocer un fantasma de cuerpo presente.
Miguel Otero Silva, que además de buen escritor era un anfitrión espléndido y un comedor refinado, nos esperaba con un almuerzo de nunca olvidar. Como se nos había hecho tarde no tuvimos tiempo de conocer el interior del castillo antes de sentarnos a la mesa, pero su aspecto desde fuera no tenía nada de pavoroso, y cualquier inquietud se disipaba con la visión completa de la ciudad desde la terraza florida donde estábamos almorzando. Era difícil creer que en aquella colina de casas encaramadas, donde apenas cabían noventa mil personas, hubieran nacido tantos hombres de genio perdurable. Sin embargo, Miguel Otero Silva nos dijo con su humor caribe que ninguno de tantos era el más insigne de Arezzo.
-El más grande -sentenció- fue Ludovico.
Así, sin apellidos: Ludovico, el gran señor de las artes y de la guerra, que había construido aquel castillo de su desgracia, y de quien Miguel nos habló durante todo el almuerzo. Nos habló de su poder inmenso, de su amor contrariado y de su muerte espantosa. Nos contó cómo fue que en un instante de locura del corazón había apuñalado a su dama en el lecho donde acababan de amarse, y luego azuzó contra sí mismo a sus feroces perros de guerra que lo despedazaron a dentelladas. Nos aseguró, muy en serio, que a partir de la media noche el espectro de Ludovico deambulaba por la casa en tinieblas tratando de conseguir el sosiego en su purgatorio de amor.
El castillo, en realidad, era inmenso y sombrío. Pero a pleno día, con el estómago lleno y el corazón contento, el relato de Miguel no podía parecer sino una broma como tantas otras suyas para entretener a sus invitados. Los ochenta y dos cuartos que recorrimos sin asombro después de la siesta, habían padecido toda clase de mudanzas de sus dueños sucesivos. Miguel había restaurado por completo la planta baja y se había hecho construir un dormitorio moderno con suelos de mármol e instalaciones para sauna y cultura física, y la terraza de flores intensas donde habíamos almorzado. La segunda planta, que había sido la más usada en el curso de los siglos, era una sucesión de cuartos sin ningún carácter, con muebles de diferentes épocas abandonados a su suerte. Pero en la última se conservaba una habitación intacta por donde el tiempo se había olvidado de pasar. Era el dormitorio de Ludovico.
Fue un instante mágico. Allí estaba la cama de cortinas bordadas con hilos de oro, y el sobrecama de prodigios de pasamanería todavía acartonado por la sangre seca de la amante sacrificada. Estaba la chimenea con las cenizas heladas y el último leño convertido en piedra, el armario con sus armas bien cebadas, y el retrato al óleo del caballero pensativo en un marco de oro, pintado por alguno de los maestros florentinos que no tuvieron la fortuna de sobrevivir a su tiempo. Sin embargo, lo que más me impresionó fue el olor de fresas recientes que permanecía estancado sin explicación posible en el ámbito del dormitorio.
Los días del verano son largos y parsimoniosos en la Toscana, y el horizonte se mantiene en su sitio hasta las nueve de la noche. Cuando terminamos de conocer el castillo eran más de las cinco, pero Miguel insistió en llevarnos a ver los frescos de Piero della Francesca en la Iglesia de San Francisco, luego nos tomamos un café bien conversado bajo las pérgolas de la plaza, y cuando regresamos para recoger las maletas encontramos la cena servida. De modo que nos quedamos a cenar.
Mientras lo hacíamos, bajo un cielo malva con una sola estrella, los niños prendieron unas antorchas en la cocina, y se fueron a explorar las tinieblas en los pisos altos. Desde la mesa oíamos sus galopes de caballos cerreros por las escaleras, los lamentos de las puertas, los gritos felices llamando a Ludovico en los cuartos tenebrosos. Fue a ellos a quienes se les ocurrió la mala idea de quedarnos a dormir. Miguel Otero Silva los apoyó encantado, y nosotros no tuvimos el valor civil de decirles que no.
Al contrario de lo que yo temía, dormimos muy bien, mi esposa y yo en un dormitorio de la planta baja y mis hijos en el cuarto contiguo. Ambos habían sido modernizados y no tenían nada de tenebrosos. Mientras trataba de conseguir el sueño conté los doce toques insomnes del reloj de péndulo de la sala, y me acordé de la advertencia pavorosa de la pastora de gansos. Pero estábamos tan cansados que nos dormimos muy pronto, en un sueño denso y continuo, y desperté después de las siete con un sol espléndido entre las enredaderas de la ventana. A mi lado, mi esposa navegaba en el mar apacible de los inocentes. “Qué tontería -me dije-, que alguien siga creyendo en fantasmas por estos tiempos”. Sólo entonces me estremeció el olor de fresas recién cortadas, y vi la chimenea con las cenizas frías y el último leño convertido en piedra, y el retrato del caballero triste que nos miraba desde tres siglos antes en el marco de oro. Pues no estábamos en la alcoba de la planta baja donde nos habíamos acostado la noche anterior, sino en el dormitorio de Ludovico, bajo la cornisa y las cortinas polvorientas y las sábanas empapadas de sangre todavía caliente de su cama maldita.
domingo, 17 de julio de 2016
30 asombrosas palabras que empiezan por la A para aumentar tu aptitud y tu agudeza
30 asombrosas palabras que empiezan por la
A para aumentar tu aptitud y tu agudeza
Acarrazarse. Abrazarse con fuerza. Se usa sobre todo en Huesca.
Acmé. Del griego akmé ‘punta’. Es el “momento culminante.
Está en el acmé de su fama”. Y también el “período de mayor intensidad de una
enfermedad”.
Adarce. Costra salina que las aguas del mar forman en los objetos que mojan.
Aeronato. Dicho de una persona: Nacida en un avión o en una aeronave durante el vuelo.
Agibílibus. Del latín de agibilibus, que significa “sobre lo factible”. Es la
habilidad, ingenio, a veces pícaro, para desenvolverse en la vida. También
puede referirse a la persona que tiene agibílibus.
Ajaspajas. Cosa baladí, insignificante.
Alacre. Alegre, ligero, vivo.
Aladar. Mechón de pelo que cae sobre cada una de las sienes.
Albanado, da. Que está dormido. Viene del latín alba,
“sábana”. Y procede de la germanía, “jerga o manera de hablar de ladrones y
rufianes, usada por ellos solos y compuesta de voces del idioma español con
significación distinta de la verdadera, y de otros muchos vocablos de orígenes
muy diversos”.
Alcabor. Hueco de la campana del horno o de la chimenea.
Amaitinar. Observar y mirar con cuidado.
Amartelamiento. Exceso de galantería o rendimiento amoroso. Como escribió Francisco de
Quevedo en Túmulo de la
mariposa:
El
aliño del prado
y
la curiosidad de la primavera
aquí
se han acabado,
y
el galán breve de la cuarta esfera,
que,
con dudoso y divertido vuelo,
las
lumbres quiso amartelar del cielo.
Ambuesta. Porción de cosa suelta que cabe en ambas manos juntas y puestas en forma
cóncava.
Amok. Entre los malayos, ataque de locura homicida. Da título a una novela de Stefan Zweig. En
inglés incluso existe una expresión, to
run amok, que significa
volverse frenético, perder el control.
Amonarse. De mona, borrachera: embriagarse, perder el dominio de sí por beber en
exceso. También, sentirse molesto.
Amoricones. Señas, ademanes y otras acciones con que se manifiesta el amor que se tiene
a alguien. Y en desuso, amores o amoríos.
Anagnórisis. Reencuentro y reconocimiento de dos personajes a los que el tiempo y las
circunstancias han separado. Reconocimiento de la identidad de un personaje por
otro u otros.
El
ejemplo clásico es el de la Odisea,
cuando a Ulises lo reconocen los demás personajes al llegar a Ítaca.
Anhedonia. Incapacidad para sentir placer.
La
anhedonia de ojos vacíos solo es una rémora del flanco ventral del verdadero
depredador, el Gran Tiburón Blanco del dolor. Las autoridades denominan esta
condición “depresión clínica” o “depresión involutiva” o “disforia unipolar”.
David Foster Wallace, La broma infinita.
Animálculo. Animal perceptible solamente con el auxilio del microscopio. La terminación
-culo. La terminación -culus era un diminutivo en latín. También tenemos
homúnculo (hombre pequeño) e incluso músculo, del latín mus, ratón, y culus, pequeño: porque a los
romanos el bíceps les parecía un ratoncillo bajo la piel. Incluso bermejo proviene de la palabra latina vermiculus, que significa
gusanito. El pigmento de este color se obtenía, en fin, machacando cochinillas.
Antuviada. Golpe o porrazo dado de improviso.
Apianar. Disminuir sensiblemente la intensidad de la voz o del sonido.
Aporrar. Dicho de una persona: Quedarse sin poder responder ni hablar en ocasión en
que debía hacerlo.
Arcidriche. Tablero de ajedrez.
Ardorada. Oleada de rubor que pone encendido el rostro.
Arrancapinos. Hombre de cuerpo pequeño.
Arrobar. Nada que ver con las menciones en Twitter. Significa embelesar. También,
aunque en desuso, robar. Y, por último, enajenarse, quedar fuera de sí.
Como
ejemplo, este chiste que
cuenta Rosa Montero: Una ratita, parada sobre sus cuartos
traseros, alza la cabeza al cielo y contempla el paso majestuoso de un
murciélago con las alas extendidas. Y exclama con arrobada admiración: ‘¡Oh, mon Dieu! ¡Un ange!’.
Asobinarse. Dicho de una bestia: Quedar, al caer, con la cabeza metida entre las patas
delanteras, de modo que no pueda levantarse por sí misma. Y dicho de una
persona: Quedar hecha un ovillo al caer. Del latín supinare, “poner boca arriba”.
Asperillo. Regusto agrio de la fruta no bien madura, o el que por su naturaleza tiene
alguna comida o bebida.
Atafagar. Sofocar, aturdir, hacer perder el uso de los sentidos, especialmente con
olores fuertes, buenos o malos. También es molestar a alguien con insufrible
importunidad. Y además, estar sobrecargado de trabajo.
Aurívoro, ra. Codicioso de oro. Del latín aurum,
oro, y la terminación -voro, que viene de vorare, devorar, y que se usa en los
términos que hacen referencia a la dieta de los animales (herbívoro, carnívoro,
omnívoro…).
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miércoles, 6 de julio de 2016
CASTELLANO CULTO
El olor de la lluvia sobre
la tierra seca y otras 28 cosas que no sabías que tenían nombre
Necesitas en tu vida palabras como
petricor
Hasta ahora, cada vez que te ponías a
coser botones clavabas las agujas que no utilizabas en lo que tú llamabas
“cojincico” o “la cosa esa de las agujas”. Gracias a esta lista, podrás usar el
nombre correcto tanto de esta almohadilla (que es un acerico) como de otras 28
cosas imprescindibles para tu vida diaria o para tus partidas de Scrabble, como
la espuma de la cerveza o ese maravilloso olor que deja la lluvia después de
caer en un lugar seco.
2. Agrafe. Pieza de metal para sujetar el cierre de botellas
y frascos. Por ejemplo, el alambre y la chapa de las botellas de cava.
3. Ampersand. El
signo &.
4. Ápice. Acento o cualquiera de los signos que se
colocan sobre las letras, como el punto de las íes. Eso sí, el acento de la eñe
se llama virgulilla.
5. Carúncula. La cresta de gallos y pavos.
6. Crencha. Raya del pelo y cada una de las partes en
las que la crencha divide el cabello.
7. Criptomnesia. Fenómeno que consiste en creer
que se te acaba de ocurrir algo que en realidad sólo lo estabas recordando,
aunque no recuerdes que ya lo sabías. Por ejemplo, cuando plagias
involuntariamente un tuit.
8. Diastema. Espacio entre los dientes. Estuvo de
moda durante siete segundos porque todo ha estado de moda alguna vez. O lo
estará. Recordad, por ejemplo, los bigotes.
9. Estepicursor. El matojo rodante típico de las
películas del oeste o de cuando cuentas un chiste en un bar. También se llama
rodamundos, sorrasca, calamino, boja, salicón, salicor, salicornio, salicornia,
barrilla, corredora del desierto, bola del oeste, apretaculos, capitana, malvecino,
alicornio, cardo ruso, planta rodadora, bruja, chamizo, cachanilla, maromera,
salsola, y rodadora.
10. Filtrum. Surco subnasal, es decir, la ranura
situada debajo de la nariz y encima de los labios.
11. Fosfenos. Las manchas luminosas que se ven al
frotar los párpados.
12. Ginecomastia. Man boobs.
13. Giste. La espuma de la cerveza. Ejemplo de uso
cotidiano: “¿Sabías que la espuma de la cerveza se llama giste?”
14. Guedeja. Cabellera larga y también la melena
del león.
15. Herrete. Cada una de las puntas de plástico o
metal de los cordones.
16. Jeme. Distancia que hay desde la punta del
pulgar a la del índice, separando el uno del otro todo lo posible. Unidad de
medida equivalente a “un cacho así”.
17. Lemniscata. Curva plana de forma semejante a
un 8. Es el término correcto del símbolo de infinito.
18. Lúnula. El espacio blanquecino semilunar de la
raíz de las uñas.
19. Óbelo. Signo de división. El de multiplicar es
una más común “aspa”.
20. Petricor. El olor de la lluvia en sitios
secos.
21. Pie de Morton o pie griego. Cuando el segundo
dedo del pie es más largo que el gordo. (¿Estas personas son alienígenas
infiltrados? Este sería otro debate).
22. Quincunce. Disposición como la figura de un
cinco en un dado, con cuatro puntos formando un rectángulo y otro punto en el
centro.
23. Recazo. La parte del cuchillo opuesta al filo.
24. Sangradura. La parte hundida del brazo opuesta
al codo.
25. Telson. La cola de los crustáceos. Ejemplo:
“¿Tú te comes el telson de los langostinos? Yo sí. Soy un poco bruto”.
26. Tenesmo. Ganas frecuentes de ir al baño.
27. Vagido. Gemido o llanto del recién nacido.
28. Virola. Es una abrazadera de metal que se
coloca en algunos instrumentos, incluyendo la anilla metálica que une el lápiz
con la goma de borrar y la punta de un paraguas, por ejemplo. No confundir con
“vitola”.
29. Vitola. La anilla de los cigarros puros.
4. Ápice. Acento o cualquiera de los signos que se colocan sobre las letras, como el punto de las íes. Eso sí, el acento de la eñe se llama virgulilla.
5. Carúncula. La cresta de gallos y pavos.
6. Crencha. Raya del pelo y cada una de las partes en las que la crencha divide el cabello.
7. Criptomnesia. Fenómeno que consiste en creer que se te acaba de ocurrir algo que en realidad sólo lo estabas recordando, aunque no recuerdes que ya lo sabías. Por ejemplo, cuando plagias involuntariamente un tuit.
8. Diastema. Espacio entre los dientes. Estuvo de moda durante siete segundos porque todo ha estado de moda alguna vez. O lo estará. Recordad, por ejemplo, los bigotes.
9. Estepicursor. El matojo rodante típico de las películas del oeste o de cuando cuentas un chiste en un bar. También se llama rodamundos, sorrasca, calamino, boja, salicón, salicor, salicornio, salicornia, barrilla, corredora del desierto, bola del oeste, apretaculos, capitana, malvecino, alicornio, cardo ruso, planta rodadora, bruja, chamizo, cachanilla, maromera, salsola, y rodadora.
10. Filtrum. Surco subnasal, es decir, la ranura situada debajo de la nariz y encima de los labios.
11. Fosfenos. Las manchas luminosas que se ven al frotar los párpados.
12. Ginecomastia. Man boobs.
13. Giste. La espuma de la cerveza. Ejemplo de uso cotidiano: “¿Sabías que la espuma de la cerveza se llama giste?”
14. Guedeja. Cabellera larga y también la melena del león.
15. Herrete. Cada una de las puntas de plástico o metal de los cordones.
16. Jeme. Distancia que hay desde la punta del pulgar a la del índice, separando el uno del otro todo lo posible. Unidad de medida equivalente a “un cacho así”.
17. Lemniscata. Curva plana de forma semejante a un 8. Es el término correcto del símbolo de infinito.
18. Lúnula. El espacio blanquecino semilunar de la raíz de las uñas.
19. Óbelo. Signo de división. El de multiplicar es una más común “aspa”.
20. Petricor. El olor de la lluvia en sitios secos.
21. Pie de Morton o pie griego. Cuando el segundo dedo del pie es más largo que el gordo. (¿Estas personas son alienígenas infiltrados? Este sería otro debate).
22. Quincunce. Disposición como la figura de un cinco en un dado, con cuatro puntos formando un rectángulo y otro punto en el centro.
23. Recazo. La parte del cuchillo opuesta al filo.
24. Sangradura. La parte hundida del brazo opuesta al codo.
25. Telson. La cola de los crustáceos. Ejemplo: “¿Tú te comes el telson de los langostinos? Yo sí. Soy un poco bruto”.
26. Tenesmo. Ganas frecuentes de ir al baño.
27. Vagido. Gemido o llanto del recién nacido.
28. Virola. Es una abrazadera de metal que se coloca en algunos instrumentos, incluyendo la anilla metálica que une el lápiz con la goma de borrar y la punta de un paraguas, por ejemplo. No confundir con “vitola”.
29. Vitola. La anilla de los cigarros puros.
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